La importancia de los valores ocultos

La semana pasada realizamos el primer retiro en Thinking with you. Empezamos a ser cada vez más personas en el equipo y necesitábamos sincronizarnos y alinearnos todos. Nuestro objetivo no era realizar una alineación y sincronización de las tareas y proyectos de nuestro día a día,  sino ir un poco más al fondo, a las raíces, y ahondar en otras cosas como Misión, Visión, Valores y principios de la empresa.  Aunque hace mas de año y medio que Diego y yo fundamos Thinking,  esta ha ido transformándose con la entrada de cada nuevo miembro por lo que debíamos ajustar y cimentar bien la base de todo.

En este artículo me quiero centrar en algo que llamó mucho mi atención. Cuando tocaba trabajar sobre la parte de principios y valores, organizamos una dinámica en la que cada uno escribía los tres valores que para él o ella fueran más importantes. Los que aparecieran más veces serían candidatos a ser seleccionados como los valores de la empresa.

Después de realizar la dinámica, y no sin un buen rato de conversación entre todos, decidimos que estos tres eran los valores que sostenían a Thinking: Honestidad, compromiso y confianza. Todos ellos apoyados transversalmente en la colaboración y la autenticidad.

Lo mejor de este tipo de ejercicios, no es solo el resultado final si no las conversaciones que se producen durante el ejercicio así como el proceso de pensamiento que se dispara posteriormente en cada uno. Es como si se abrieran determinadas carreteras en el cerebro que te permiten pensar en cosas diferentes a posteriori.

Pues bien, días después de volver del retiro empecé a pensar en otros valores que sí que teníamos incrustados en nuestro ADN desde la fundación de la empresa pero que nunca habían salido en las conversaciones (iniciales de Diego y yo) y posteriores con el resto de compañeros. Y es que si analizamos el devenir de los acontecimientos que nos han ido sucediendo y el cómo los hemos ido gestionando, hay un denominador común en todos ellos: La presencia de grandes dosis de generosidad por todos lados. Y es que pensando un poco más allá, siempre nos hemos movido por la generosidad:

Generosidad inicial que tuvimos los fundadores de compartir todo lo que teníamos en ese momento (profesionalmente hablando claro ;-) y ponerlo a disposición de la empresa al 100%. Por eso el proyecto Thinking de transformación así como Agile Taste pasaron a formar parte del ecosistema DRIA (que es como denominamos inicialmente a la Sociedad Limitada que montamos). También todos los clientes que traíamos cada uno pasaron directamente a formar parte de la empresa.

Esto puede parecer algo evidente pero conozco muchos casos de empresas cuyos socios siguen desempeñando otras actividades de forma paralela a la empresa. No digo que sea bueno ni malo, simplemente que nosotros decidimos ser generosos en este aspecto y creo que ha sido positivo.

Generosidad de compartir. Compartir los aprendizajes que vamos obteniendo en los diferentes clientes así como de todas las actividades que hacemos. Por nuestro día a día no podemos estar todos siempre presente en todo pero no dudamos de buscar ese espacio que nos permita compartir lo aprendido. Si bien es mejorable este proceso ya que no lo hemos optimizado todavía para conseguir que sea más fluido, si que lo hemos puesto en común y somos conscientes de los conocimientos y aprendizajes del resto de compañeros.

Generosidad en el hacer. Cuando una persona del equipo tiene algún problema o se encuentra atascado en alguno de los clientes, levanta la mano y enseguida el resto reaccionamos y le ofrecemos nuestra ayuda. Esta ayuda muchas veces implica dejar de hacer lo que teníamos planificado o cambiar algunos de nuestros compromisos con otros clientes. Pero no importa, nuestra generosidad va siempre por delante.

Al igual que va a la hora de ayudar a empujar una nueva iniciativa. Todos sumamos e intentamos aportar para que salga adelante.

– Generosidad en el no hacer. Y es que somos gente de acción, nos gusta hacer y participar en todo aquello que tenemos, pero, muchas veces esto no es eficiente ya que no podemos realizar una formación en cliente con 5 facilitadores o facilitar una retrospectiva 4 personas. Por lo que también somos generosos NO HACIENDO, gestionando nuestras ganas de aportar y sabiendo que otros compañeros lo harán muy bien. Al igual que también hay otros momentos en los que no podemos poner energía en determinadas iniciativas. Nos limitamos a confiar en que lo que se está haciendo es lo mejor.

Podría poner ejemplos concretos de momentos y situaciones donde la generosidad ha estado presente. Pero este no es el objetivo del artículo si no más bien reflexionar del porqué nadie (absolutamente nadie) sacó este valor en aquella dinámica y porqué es un valor que nunca hemos puesto encima de la mesa explícitamente como algo que nos caracteriza.

Poniendo el símil con las organizaciones a las que ayudamos a transformar y mejorar sus maneras de trabajar, a veces nos podemos encontrar con valores invisibles que nadie habla de ellos pero que tienen interiorizados y son el verdadero motor de las personas que forman esa organización o equipo.

A partir de ahora estaré mucho más atento a esto, intentando ver más allá de lo que dicen o reflejan los valores “oficiales” de la compañía, trabajando también sobre esos “Valores invisibles” que mueven nuestras vidas y la de las empresas donde trabajamos.

Y tú, ¿Te has parado a pensar cuales son los valores que mueven el día a día en tu departamento / empresa?  ¿Y en tu equipo de trabajo, son explícitos todos los valores que os mueven y valoráis por encima del resto?

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