Motivar el cambio desde el coaching o el arte de soplar brasas

La mente no debe llenarse cual recipiente sino encenderse como fuego. (Plutarco)

Con esta cita del historiador y biografista griego Plutarco, comienza el libro El arte de soplar brasas de Leonardo Wolk. En él, el autor pone sus esfuerzos en analizar la figura del coach y sus múltiples facetas, así como en el conocimiento profundo del coaching y las herramientas que lo conforman (comunicacionales, emocionales, lingüísticas…); muchas de ellas tratadas en el blog de Thinking With You.

Mi intención no es hacer un resumen del contenido del libro (el cual recomiendo como introducción al mundo del coaching), sino hablar de algunos puntos que me han resultado interesantes por las reflexiones que pueden desencadenar.

La primera de ellas es lo llamativo del título, ¿qué relación puede haber entre el “arte de soplar las brasas” y la labor del coach? Desde un punto de vista más poético y espiritual, y tomando como punto de partida la definición que aporta el autor en este sentido, podríamos pensar esa relación como:

“(…) un socio facilitador del aprendizaje, que acompaña al otro en una búsqueda de su capacidad de aprender para generar nuevas respuestas. Soplar brasas para re-conectar al humano con su Dios perdido” (p. 23).

Esta manera de comprender el papel del coach resaltando ese lado más provocador, ayuda a pensar en aquello que hay de creativo y de espontáneo en el proceso de coaching, pues orientar un proceso semejante implica estar abiertos a que el cambio suceda, buscarlo con tesón y, una vez convocado, permitir que la creatividad y el cuestionamiento crítico sean los protagonistas del viaje manteniendo despierto y atento tanto al coach como al coacheado (persona que -de forma voluntaria- experimenta ese camino), en ese tránsito hacia una nueva manera de ser y, por ende, un nuevo modelo de relación con el mundo. Es un camino liberador, a la par que doloroso, que puede recordar al viaje de ultratumba que realizó Orfeo en la búsqueda de su amada Eurídice.

Al final, este proceso, camino o viaje, se convierte en un aprendizaje que se despliega de manera procesual en forma de transformación personal. Para ello, la voluntad de querer cambiar es fundamental.

“En el coaching se produce una transformación que involucra al observador que cada uno de nosotros es, y esto mismo determina un cambio en nuestro accionar y en nuestros resultados” (p. 19).

Por último, quería resaltar la importancia del lenguaje en el proceso de coaching, pues al final, como dijo Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.

El lenguaje, como vimos en el post de Miguel, Lo que esconden las palabras, configura nuestro modo de ser y estar en el mundo; la manera en que interpretamos los hechos que suceden en él.

Leonardo Wolk hace mucho énfasis en ello nombrándonos como seres lingüísticos, emocionales, corporales y de acción. Porque el coaching actúa en el dominio de lo hablado, de la conversación, y es por ello que, como seres racionales que somos, el componente lingüístico nos define y nos permite comunicarnos.

Pero para que realmente se produzca ese cambio en nosotros, ha de tomarse en consideración la manera en que expresamos nuestras opiniones/observaciones, con el fin de revisarlas para modificar aquellas estructuras rígidas que limitan, de algún modo, nuestro modo de ser y nuestros pensamientos.

Sólo así será posible que podamos conseguir esa mejora que deseamos alcanzar cuando nos ponemos en manos de un coach.

Toda idea es siempre dicha por alguien que, al emitirla, revela quién es. (Nietzsche)

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