Design Thinking o cómo poner a la persona en el centro

“We are at a critical point where rapid change is forcing us to look not just to new ways of solving problems but to new problems to solve.”

(Change by design, Tim Brown: p.153)

Comienzo este post con esta cita de Tim Brown para tomar consciencia de la revolución creativa que estamos viviendo y para la cual el Design Thinking tiene algunas respuestas. Esta llamada a la acción del autor aparece en Change by Design, publicado en 2008 y libro de cabecera “obligado” para aquellos que como yo, diseñadora e interesada en la innovación, nos introducimos en este mundo. Aquí, el profesor de la Universidad de Stanford, y CEO de IDEO, nos explica en qué consiste esta metodología llamada Design Thinking, así como su aplicación en el contexto organizacional, teniendo muy en cuenta que hemos abandonado la era de la información para habitar la era del conocimiento y la innovación, y que eso requiere de nuevas herramientas y posicionamientos.
Como ya hice en una reseña anterior, no pretendo resumir el contenido del libro, sino, más bien, tratar algunas ideas que me han llamado la atención.

Dicho esto, conviene comenzar con la pregunta clave: ¿qué es el Design Thinking? He anotado muchas definiciones a lo largo de la lectura, pero esta reflexión es la que más me ha gustado:

“What we need is an approach to innovation (…) that can be integrated into all aspects of business and society, and that individuals and teams can use to generate breakthrough ideas that are implemented and that therefore have an impact. Design Thinking, the subject of this book, offers just such an approach”. (Change by design, Tim Brown: p.3)

A partir de ella, y teniendo en cuenta los temas que se desarrollan posteriormente a lo largo del libro, podemos afirmar que Design Thinking es mucho más que un enfoque, una aproximación o una disciplina; es, de hecho, una propuesta metodológica innovadora que no se limita, únicamente, a generar diversas soluciones ante un mismo problema, sino que va más allá buscando la forma de conectar la demanda de las personas con lo que es factible -en términos de tecnología- y viable, en el sentido de estrategia sostenible para un negocio, transformándolo así en valor para el cliente y en ocasión para el mercado.

Así pues, y partiendo de la definición, una de las características que mejor define el perfil del Design Thinker es su capacidad para prever futuros problemas a resolver, y, de este modo, poner su visión creativa y multiforme al servicio de esa necesidad o ese problema que se originará, elaborando una estrategia de pensamiento alternativa, viable y creativa para la empresa en particular. En definitiva, pensar como lo haría un diseñador de hoy, lejos de la figura arquetípica de genio decimonónico. Esto finalmente introduce una manera de trabajar radicalmente diferente, basada en lo colaborativo, lo iterativo y en el razonamiento abductivo (muy utilizado en el mundo del diseño para referirse a un tipo de pensamiento donde no prima tanto el orden lógico como el instinto y la imaginación).
Otro de los puntos interesantes del libro es la defensa que hace el autor sobre la importancia del trabajo en equipo. Me llama la atención, porque muchas veces en las organizaciones está “mal visto” el hecho de pensar en grupo debido al Efecto Groupthink que describió el sociólogo William H. Whyte en la revista Fortune en 1952, y que posteriormente acuñó como término el psicólogo Irving Janis en 1972.

Ambos hablaban, en definitiva, de cómo el hecho de pensar en grupo producía una serie de malos hábitos en las personas, como por ejemplo la anulación de su capacidad crítica por el bien del consenso, de aquello que “el grupo ha pensado”, evitando de este modo los conflictos necesarios que pueden surgir en un equipo de trabajo cuando se comparten puntos de vista diversos ante una misma cuestión. Una actitud que nada tiene que ver con la filosofía despierta, abierta y proactiva que propone Tim Brown a través del Design Thinking.

Me gustaría resaltar también el capítulo titulado: Convertir la necesidad en demanda o poner a la persona en el centro, donde aparece explicado en profundidad cuál es el propósito central de esta metodología. Esta parte merece especial atención por la parte que nos toca como trabajadores dedicados al desarrollo de las personas, en el sentido individual y organizacional. Todo el procedimiento de investigación desarrollado en Design Thinking parte de la observación directa y comprensión de las personas (sus necesidades, problemas, etcétera). Pero esto no puede suceder sin poner, como elemento protagonista en este proceso mencionado, la empatía, pues es lo que realmente nos conecta con esas carencias y demandas particulares y/o colectivas. En resumen, la empatía con el usuario final es la llave que abre ese proceso creativo de investigación que realiza el Design Thinker.

Es curioso que nuestro sistema educativo esté orientado a desarrollar individuos que sean capaces de resolver problemas (muchas veces sin preguntarse ni el porqué de ello), cuando la clave de una educación verdaderamente innovadora se basa en formar personas críticas y creativas, es decir, capaces de adelantarse a lo que está por venir creando problemas. Ya lo dijo L. A. Machado:

“El verdadero creador, es un creador de problemas.”

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